Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero

domingo, 21 de enero de 2018

Los archivos del Pentágono (The Post)

¡Una peli de periodistas en la que salen bien parados los periodistas! Ha tenido que llegar el director de ET para enfrentarse claramente al catecismo Donald Trump en su increíble y cruenta guerra contra el oficio. 

Las personas más jóvenes que vean la peli se darán cuenta de que antes de Snowden, WikiLeaks y todas esas hiperfiltraciones del big data, el personal ya filtraba secretos de estado con medios técnicos bastante más rudimentarios. Eso sí. Creo que se puede concluir que actualmente vivimos desinformados por exceso de filtraciones cuyo impacto duran un par de días. Pero parece ser que es lo que toca.

También las personas más jóvenes pueden ver en esta peli, con olor a papel y tinta, que no hace tanto tiempo había máquinas de escribir, linotipias, linotipistas, tubos, rotativas que rugían en los sótanos de las redacciones. Había un sacrosanto planillo que, como los planos secretos de un arquitecto, incluían el dibujo de todo el periódico.

Había camiones, cientos de camiones que distribuían miles de periódicos de noche. Cada jornada, ocurriera lo que ocurriera. Y había imprescindibles jóvenes “meritorios” empapándose de experiencia y experiencias que incluso bordean la legalidad; adultos redactores y maduros directores que conocían todo el proceso. 

En el Post, hubo incluso una mujer a quien las circunstancias llevaron a ser dueña del periódico: Katherine Graham, interpretada por Meryl Streep. Una mujer que se lo juega todo, como Bradley, el director, interpretado por Tom Hanks.

Los papeles del Pentágono, protagonistas y verídicos de la historia, son documentos, miles de folios, que demostraban que los estadounidenses desconocían la verdad sobre la Guerra de Vietnam. Esa guerra eterna que estaba acabando con toda una generación de jóvenes. 

Es una historía de responsabilidad e integridad periodística, de unidad en el oficio para enfrentarse al poder político. Es una historia tan trepidante como la confección de un periódico diario, “¡oh Dios, cómo me gusta esto!”, exclama el personaje de Tom Hanks. O sea, cómo le gusta el lío, lo imprevisible, el crear algo diferente cada día sobre un proceso que debe funcionar al milímetro. Un proceso encorsetado por el tiempo -esa periodicidad que también ha desaparecido y es otro elemento que nos desinforma-; y el espacio, unas páginas -que también han desaparecido en el infinito mundo de internet- y que es otro elemento que nos desinforma paradójicamente con sobreinformación.

Sin hacer spoiler copio una frase fundamental dictada por el Tribunal Supremos de EEUU: “la prensa debe servir a los gobernados, no a los gobernantes”. Si ya has visto, Tres anuncios a las afueras, esta peli es una opción. Recuerda que en muchas salas, los miércoles son el día del espectador (y la espectadora).


País: Estados Unidos
Dirección: Steven Spielberg
Guion: Liz Hannah, Josh Singer
Reparto: Tom Hanks, Meryl Streep, Jesse Plemons, Bob Odenkirk, Matthew Rhys, Michael Stuhlbarg, Sarah Paulson, Alison Brie, Carrie Coon, David Cross, Bruce Greenwood, Tracy Letts, Bradley Whitford, Zack Woods


viernes, 19 de enero de 2018

España 2030: Gobernar el futuro, de José Moisés Martín Carretero

El otro día me encontré con la primera edición de un libro datado hace exactamente dos años. Su título, España 2030: gobernar el futuro. Estrategias a largo plazo para una política de progreso. Su autor, José Moisés Martín Carretero. “Caray”, pensé (quizá fue otro término menos correcto políticamente el que me vino a la cabeza, pero a efectos prácticos da lo mismo), “si este es Mac”. Claro, a Mac, que hoy es joven tirando a crianza, le conocí hace cosa de veinte años, cuando era tan tan joven como que andaba por el área de Internacional del Consejo de la Juventud de España (CJE). Ahora veo que, además de pertenecer a Economistas frente a la crisis, es director general de Red2Red.

Es cierto que, además, últimamente me lo encuentro cada miércoles en la boca del metro cuando me hago con un ejemplar de 20 minutos. Es la cita semanal en un actual y pedagógico artículo de opinión. Ilustrando el artículo una foto suya que bien podría ser de  Adrien Brody, el joven actor, tirando a crianza, que todos conocemos por El pianista. Pero es que el otro día anduvo en la Ser, y el otro en La Sexta y el otro seguro que en otro sitio porque sabe de lo que habla. Y detrás de una de sus frases hay muchos informes leídos y realizados. Es decir, lo contrario de lo habitual.

Total, que me hice con España 2030 y, al leer la solapilla, uno, que se conoce mejor las fechas de actores y actrices que de los economistas se da cuenta que tanto Brody como Martín Carretero son cosecha de 1973. Lo que en las primeras páginas del libro es considerada “generación X” por Mac.

Veo que el libro es de Ediciones Deusto, del Grupo Planeta. "Un libro que no ha hecho ruido”, pensé. Me llamó la atención. Esto es buena señal, que los libros de jóvenes y jóvenes crianza que hacen ruido han dejado de interesarme.

Y no estaba equivocado. En un lenguaje sencillo, José Moisés Martín con argumentos contundentes con profundo olor a progresismo de nuevo cuño explica que el mundo tiene solución si optamos por la estrategia y abandonamos las prisas. 

España 2030: Gobernar el futuro es un canto al consenso, al pacto, al acuerdo. Incluye casi más preguntas que respuestas al tiempo que hace un diagnóstico global y de España. Y entre las medidas evidentes y sencillas, con el consenso por bandera, es que este país se ponga las pilas con la educación, con el aprendizaje como medida indispensable para cambiar el modelo productivo de este país. 

Estamos a tiempo. Los datos y las reflexiones que aporta deberían estar en la mesilla de noche de cualquier político: global, europeo, nacional, regional, municipal. Incluso si antepone independentismos a cualquier otro asunto más racional.

Es un libro recomendable para estudiantes de economía, que seguro son capaces de hacer lecturas más críticas. Es más, en algún momento adopta la forma didáctica de manual de economía para primerizos.


En fin, me están entrando ganas de buscarle a ver si termina de aclararme algunos asuntos. Vamos viendo…



domingo, 14 de enero de 2018

Tres anuncios en las afueras (de Ebbing, Missouri)

Hay que ver la que lían tres vallas publicitarias de las de toda la vida, en plena efervescencia de internet y redes sociales, situadas en una carretera por la que no pasa nadie desde que se construyera una autovía. Las vallas se encuentran a las afueras de un pueblo llamado Ebbing (Missouri) y Mildred (Frances McDormand) decide alquilarlas después de que nadie lo hiciera desde los años ochenta.

¿Para qué las alquila Mildred? Pues para colocar tres polémicos anuncios publicitarios dirigidos al jefe de la policía del pueblo, Bill Willoughby (Woody Harrelson, sí, el de Cheers) porque varios meses después de que la hija de Mildred fuera brutalmente violada y asesinada las investigaciones no han avanzado nada. No existe ni una sola pista y…, hasta ahí puedo comentar sobre la trama de Tres anuncios en las afueras, la galardonada película de los Globos de Oro, y que no defrauda en absoluto.

Y no defrauda porque retrata esa sociedad votante de Donald Trump en los EEUU profundos. Esos Estados Unidos rurales, violentos en los que a nivel fílmico, la actriz Frances McDormand es el nexo con Fargo, más de veinte años después . Su personaje, Mildred, es una madre coraje que, como si se tratara de Sola ante el peligro, se enfrenta a prácticamente toda la comunidad de Ebbing, empezando por el cura, al que hace un magistral repaso; y terminando con el segundo de la policía, un enmadrado poli, famoso por su violencia racista. 

Pero en la peli también se critica la violencia machista (“aquel día conduje borracha por la paliza que me había dado vuestro padre”). Y es que la violencia, la ira y la venganza están presentes en en la peli igual que en los tuits de Donald Trump.

La sordidez del ambiente y la dureza de los asuntos quedan equilibrados con un permanente e ingenioso humor, muchas veces bastante negro, más propio de un gran guión que de unos paletos yanquis. Pero al fin y al cabo es una peli, también con olor a cine independiente. Y esa ira que engendra ira, pues… No sé si hay esperanza. 

Como podéis comprobar por lo dicho, se puede parecer al mediático caso real español que hoy protagoniza El Chicle. Incluso por los giros inesperados que van sucediéndose.

Si hoy es domingo, el miércoles puede ser un plan, que es día del espectador (y la espectadora) en muchas salas. Y si no, te puedes buscar descuentos que los hay por todas partes. Y si no, pues son casi dos horas bien invertidas.

País: EEUU, Reino Unido.
Director: Martin McDonagh.
Guión: Martin McDonagh.

Reparto: Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Lucas Hedges, Peter Dinklage, John Hawkes, Abbie Cornish, Caleb Landry Jones, Brendan Sexton III, Samara Weaving, Kerry Condon, Nick Searcy, Michael Aaron Milligan, Lawrence Turner, Amanda Warren, William J. Harrison, Sandy Martin, Christopher Berry, Zeljko Ivanek.

martes, 9 de enero de 2018

Una vida a lo grande (Downsizing)

Están las cosas como para no fantasear con distopías, o sea, con utopías pero en chungo. Tanto que vuelven a las listas de éxitos obras como 1984, Rebelión en la granja, Un mundo feliz, El cuento de la criada (también exitosa serie televisiva), etcétera. A nadie se le escapa que este mundo se enfrenta a una crisis de superpoblación  y a una catástrofe, cuanto menos, ambiental.

¿Cuál puede ser la solución a tanta basura, tanto CO2 y tanta precariedad económica? La solución que nos ofrece Una vida a lo grande es decrecer, dejar de crecer. Pero literalmente, que los seres humanos reduzcan su tamaño a unos trece centímetros (menos de la mitad de un geyper-man, un poquito menos que un madelman para quien jugara con ellos).

Como mañana es miércoles (día del espectador y la espectadora) puedes aprovechar para ver esta peli que va bastante más lejos a Cariño, he encogido a los niños. No, no, no, no, no. Esto tiene su carga de crítica y su mar de fondo para que pensemos un poquito en la humanidad. 

La cuestión clave es hacerse pequeñito (de manera irreversible) para salvar el planeta porque somos muy solidarios y tal. La cuestión es si el personal empieza a hacerse pequeñito para esto o para vivir a todo trenza que el dinero da mucho más de sí en un mundo a escala reducida. 

La tentación está ahí y es difícil no sucumbir, pero ¿es el ser humano tan buena gente? Enseguida aparecen subtramas y geniales personajes secundarios: desde una disidente vietnamita a playboy que va sembrando corrupción por donde pasa. Si yo fuera un crítico con sinceridad diría que la peli tiene algunos altibajos narrativos, pero que se superan con el trasfondo de la trama y el conocimiento del ser humano, que vaya a donde vaya termina liándolo todo y…, vale me callo.

País:  Estados Unidos.
Dirección: Alexander Payne.
Guión: Alexander Payne, Jim Taylor.
Reparto: Matt Damon, Christoph Waltz, Hong Chau, Kristen Wiig, Jason Sudeikis, Udo Kier, Neil Patrick Harris, Laura Dern, Margo Martindale, Kerri Kenney, Maribeth Monroe, Niecy Nash, Donna Lynne Champlin, Joaquim de Almeida, Rolf Lassgård, Ingjerd Egeberg, Søren Pilmark, Jayne Houdyshell, James Van Der Beek, Patrick Gallagher, Kevin Kunkel, Kristen Thomson, Brendan Beiser, Don Lake, Mary Kay Place, Juan Carlos Velis, Veena Sood, Jeff Clarke, Pepe Serna.


miércoles, 3 de enero de 2018

Clavícula, de Marta Sanz

Si se ronda la cincuentena, Clavícula tiene una perspectiva de lectura añadida. Si además ingieres lorazepam (sí, el genérico del Orfidal) con moderada frecuencia, añades otra perspectiva. Y si eres mujer, sumas otra. Evidentemente nada de ello es obligatorio, pero quizá sí surja con más intensidad la sonrisa cómplice que nos provoca en tantas página el último libro de Marta Sanz. 
(Nota: Efectivamente, superé la cincuentena hace un par de años y de vez en cuando una pastillita, arregla el cuerpo).

A juicio de Babelia, Clavícula (Mi clavícula y otro inmensos desajustes), está entre los diez mejores libros del año que acaba de concluir, sólo detrás de Berta Isla, según dictaminan medio centenar de críticos y escritores.

La autora autodefine su libro en el propio libro, a la manera de una ópera verista, como un “proceso”. Es un proceso, un viaje en el que le acompaña “el mal” que se adueña de su cuerpo como una garrapata, el lorazepam, multitud de síntomas sospechosos; un pelotón de médicos, médicas y enfermeras de la sanidad pública; la familia, las amistades, las lecturas, el cine… 

En este proceso que es Clavícula, Marta Sanz, con la menopausia como bandera (esto queda raro, pero me hace gracia) reflexiona tan breve como profundamente sobre el deseo, el dolor, la literatura, internet, la mendicidad, la fragilidad, la vejez, el colesterol… y, evidentemente sobre ser mujer. Las mujeres, “sin darnos cuenta, nos resistimos al neoliberalismo somatizándolo” (pag.135).

Por su puesto es una obra crítica con este neoliberalismo de cuño español, “nos hemos hecho viejos antes de tiempo por culpa de la reforma laboral” (pag.197), que nos está llevando a un permanente estrés basado en mirar los ingresos y gastos domésticos, al pánico al paro o al terror al futuro. Y luego lo arreglas con lorazepam. 

No es Clavícula una confesión, es un desnudarse en público. Sin pudor. O no. Es simplemente, pero nada más y nada menos, un compendio de asuntos para hacernos pensar, algo que no está muy de moda.

Evidentemente no es una sucesión de ocurrencias de Marta Sanz. Son ideas a veces adornadas con personajes muy atractivos (en esta categoría no incluimos a Nietzsche, ni Tagore, ni Lobsang Rampa, ni Bertin Osborne). El libro arranca con una referencia a Lillian Hellman, la escritora izquierdista autora de La calumnia, La loba o Julia. También hay cameos de Elvira Navarro, Philippe Forest, James M. Cain, Harper Lee, Jessica Lange, Fabian Casas, Henry Marsh o David Foster Wallace.

¿Qué algunos no sabéis quién son o no lo recordáis? Pues hacéis como yo y metéis los nombres en Google. Merece la pena. Claro, hay en Clavícula algún guiño a Black, black, black y algún personaje menopáusico que hace que resurja la figura de Simone Signoret. 

Si en un par de días vienen los reyes magos, estamos a tiempo de remitirles una carta, un telegrama, un correo electrónico, un guasap o lo que sea para que nos dejen Clavícula, un libro para saborear.


Lo que sí me gustaría sería encontrarme con Marta Sanz para comentar algunos asuntos de los que trata y/o no trata. Evidentemente, intentaré no preguntarle: “¿qué te mueve a escribir?” Eso sí, os dejo esta escena de El paciente inglés, que guarda relación directa con la historia:






jueves, 28 de diciembre de 2017

La genialidad de Muchos hijos, un mono y un castillo

Si hoy es jueves, ayer pudiste ahorrarte un dinerito e ir al cine en las salas en que sea el día del espectador y/o la espectadora. Si no, pues…, hay más miércoles que longanizas. Incluso puede ser un plan para otro día de estos navideños y familiares. En estos días navideños y familiares no es raro que en la tele programen viejas glorias como La gran familia; La familia y uno más; La familia bien, gracias; incluso clásico de familias para familias como Sonrisas y lágrimas. 

En esta cosa del subgénero “familias” y, animado por un trailer que vi en el Renoir Retiro fui a ver Muchos hijos, un mono y un castillo. Es disparatada, surrealista, hiperrealista, es genial por cuanto tiene de sorprendente. 

Si tenías raciocinio y una televisión en 1978 puede que Muchos hijos, un mono y un castillo te rememoren aquella serie documental, Los botejara, que a modo de precursor de los reality show dirigía y presentaba Alfredo Amestoy.

Si tienes sangre en el cuerpo no te puede dejar indiferente Julita, la voz cantante de esta peli (o documental o lo que sea, da igual). Julita, la madre de Gustavo Salmeron, el dios de esta cinta, es la personificación de España y sus contradicciones. 

Julita es falangista, antifranquista y medio atea. Julita va pasando revista a la historia de esta España - hasta la reciente crisis- con la mirada de una generación para quien la muerte es algo muy cercano gracias a la Guerra Civil y a Franco, responsable último de lo que aquí pasó. Y ahí, en la peli, está también presente la de la guadaña: retándola, riéndose de ella, temerosa de ella aferrándose a la vida a través de recuerdos materiales, de cosas, cosas y cosas.

Pero Julita es fundamentalmente madre de una familia numerosa en la que el caos está instalado sin ningún pudor. Si eres amante del orden puede que en algún momento padezcas brotes de ansiedad. Eso sí. 

Se autodefine Julita como una madre poco cariñosa, pero está repleta de sueños, o caprichos o carencias infantiles que llevan a otra de las mil contradicciones entre lo material y lo espiritual. Y en esas contradicciones aparece el marido. Su amor o su proyecto compartido de vida en permanente estado de discusión. Una relación de sólido y entrañable cariño.

Aseguro que no estoy espoileando (o sea, fastidiando la peli), que está llena de matices, risas y sorpresas.

Me queda claro que Gustavo Salmerón es un cachondo en el mejor sentido de la palabra, que su familia también. Me queda claro que es bueno hablar sin vergüenzas y con humor de nuestras familias. Me queda claro…, que voy a hacer limpieza de cajones y armarios.

Dirección: Gustavo Salmerón.
Guión: Gustavo Salmerón, Raúl Torres, Beatriz Montañez.
Producción: Gustavo Salmerón.
Reparto: Julita Salmerón, Gustavo Salmerón y sus hermanos. Y el padre.
País: España.



lunes, 25 de diciembre de 2017

Conchita Panadero, mi madre, una mirada particular

La tristeza congénita y una desbordada miopía hacían que la mirada de mi madre, Conchita Panadero, con ojos de color indeterminado fuera… particular. Incluso en el día de su boda.

La tristeza se hizo fuerte durante su infancia, que no todo el mundo con siete años es testigo de cómo descerrajan un tiro a su madre. No hace mucho di unas pinceladas a esa historia. 

La miopía, de la que pasada la cincuentena se operó un poco, también fue consecuencia de la Guerra Civil. El hambre, la desnutrición infantil madrileña de la época atacaba a la vista como el frío a la piel. Eran también características de Conchita Panadero las secuelas de los sabañones. Sí. Esa generación de niños y niñas madrileñas pasaron frío, hambre y miedo. 

En el caso de Conchita, pasados los años, estas fechas navideñas se tornaban de una felicidad nunca vivida

Mi madre era una persona agradecida. Siempre agradeció a aquellas que ayudaron en su educación en tiempos muy difíciles. Esa especie de deuda la devolvió con el tiempo enseñando a mujeres mayores a leer, a escribir, a echar cuentas…, y también a escuchar en sus problemas. 

Aquel 21 de diciembre iba en Metro de Antón Martín hacia San Blas. Un grupo de “alumnas” esperaban para la función navideña previa a las vacaciones. Pero un derrame cerebral se interpuso en el camino. Debió sentirse mal, salió a la calle. Se sentó en un banco. Una señora la atendió. Llamó a una ambulancia y en el Día de Nochebuena se moría en el Hospital de la Princesa.

La mujer que la atendió se preocupó por ella, siguió la pista y apareció en el Tanatorio aquel 24 de diciembre. Recuerdo cierta impotencia en sus explicaciones y mucho agradecimiento por mi parte.

Ese 24 de diciembre el tanatorio era un oasis de tristeza en medio de petardos, celebración y fuegos artificiales. Un entierro en Navidad, cuando la luz empieza a apoderarse de los días, resulta como la mirada de Conchita Panadero…, particular.



Estas fechas son una mezcla de sentimientos: de feliz infancia, de frío de muerte y de sentir cerca a Conchita y Alfonso. Así leídos, los dos nombres juntos, parece este final una viñeta de Forges. Eso sí.



miércoles, 20 de diciembre de 2017

Suburbicon, una peli con rabia

En Suburbicon ( obsérvese cómo suena la palabara a “suburbio”) George Clooney es el director y el coproductor, por lo que su club de fans puede quedar desencantado en lo que a placer visual respecta. La cosa va de racismo, de egoísmo, de odios, envidias, infidelidades…Es decir, de la idílica vida de la emergente clase media norteamericana, del sueño americano. Y es que esos sueños de lugares utópicos con propiedad privada y religiones de por medio incluidos suelen estar asentados en buenos lodazales.

Que nadie se dé por aludido, que no estoy hablando del conflicto catalán, aunque en la peli veamos algunos momentos cacerolada y pequeñas líneas separatorias a modo de frontera. En todo caso, se pueden encontrar en esta peli respuestas a cómo es posible que el presidente de EEUU sea Donald Trump, y como pequeñas vallas de madera pueden transformarse en muros de cemento.

Si hoy ha sido miércoles (día de espectador y/o espectadora en muchas salas) puede que hayas ido a verla y ya tengas tu opinión. En cualquier caso te diré que la mitad de la trama de la peli está basada en hechos reales. Me refiero a la historia de la familia negra. William y Daisy Meyers fueron la primera familia afroamericana en mudarse a Levittown (Pensilvania) y claro, los blancos se la liaron. Y mira que allí cada uno era de “una nación”, que si de Nueva York, que si de Misisipi… 

El bueno de George Clooney, que además de guapo es bastante progre (no olvidemos Buenas noches y buena suerte, por ejemplo), andaba dándole vueltas a esa historia verídica con éste documental que anda por la red.  Al final lo metió en una coctelera que tiene de guiones con un texto que tenía de los hermanos Coen, que nada tenía que ver. Y en vez de cortarse como le pasa a veces a la mayonesa, pues le ha salido esta peli que, efectivamente, tiene alma de hermanos Coen. Con sus gotas de sangre y momentos tragicómicos, incluidos.

El propio Clooney ha dicho que “es una película llena de rabia”, porque es lo que pide el clima actual.  Eso sí, la historia transcurre en verano de 1959 en ese idílico y tranquilo lugar habitado por blancos, fundamentalmente cristianos, parece que en diferentes variantes, que ahí me pierdo, salvo en que no les gustan los judíos ni los negros. Es la década posterior a la Segunda Guerra Mundial en que esa nueva clase media norteamericana, de “peer en botija”, que decía mi abuelo materno cumple su sueño de convertirse en propietaria de casitas unifamiliares baratas con su trocito de hierba al lado. O sea, el paraíso…

Dirección: George Clooney.
Guion: Ethan Coen, Joel Coen, George Clooney, Grant Heslov.
Reparto: Matt Damon, Julianne Moore, Óscar Isaac, Glenn Fleshler, Noah Jupe, Michael D. Cohen, Steve Monroe, Gary Basaraba, George Todd McLachlan, Carter Hastings, Dash Williams, Alex Hassell, Lauren Burns, Tony Espinosa.
País: EEUU.

Ahí va el trailer:

domingo, 17 de diciembre de 2017

Eva..., de Reverte, y su guía musical

Ha sido inevitable. La Eva de Arturo Pérez-Reverte se ha colado de entre las novelas previstas. Las aventuras de Falcó en la Guerra Civil (incivil, que siempre escribe Anson), tienen su continuación en esta historia que transcurre en Tanger, a través de cuyas páginas llega el aroma de Casablanca. Consigue Reverte que un tipo que trabaja para “el bando nacional” no me caiga mal. Cierto que Falcó trabaja muy a su manera…, pero con algo fundamental: un código ético.  Otra cuestión es que ese código pueda parecer inmoral, pero ese es otro debate.

Esos asuntos tan revertianos, en el siglo de Oro o en el mundo contemporáneo, como las reglas de lealtad, que no fidelidad, vuelven en esta historia de espías, pero también de atracción fatal: 

“Yo te sacrificaré, claro. Te los dije otras veces. Sintiéndolo mucho, te echaré a los leones sin dudarlo… En este juego soy un alfil, y mi trabajo me ha costado. Tú eres un simple peón. Tales son las reglas, y lo sabes”. (Pag. 77).

Y es que en este mundo cruel, los códigos, la reglas son necesarias incluso entre enemigos. Siempre hay en Reverte una añoranza de aquellas guerras, crueles y sanguinarias, pero con honor, “… en otras guerras se mata, desde luego; pero en esta se asesina…” (pag.272).

Eva Neretva, la agente rusa que conocimos en Falcó, gana protagonismo en esta historia. Eva no nos enamora, de alguna manera nos hechiza, quizá como a Falcó. Pero hay otras mujeres que desfilan por las páginas del libro, mujeres con “viejos códigos forjados en siglos de amarguras domésticas y tristes silencios. Mujeres asociadas con mujeres, rehenes tradicionales de guerreros, sacerdotes y tiranos…” (pag.80).

Como no puede ser de otra manera, Reverte documenta un momento histórico y lo novela con personajes reales como los cameos del gran doble espía Philby o el corresponsal del Daily Mail Harold Cardozo; y personajes que pudieron ser, pero no sé si fueron como El Chiquet del Rabal, anarquista y guardaespaldas de Ángel Pestaña… 

Más allá de los protagonistas de la historia, hay grandes secundarios que, como no, son hombres de mar: Navia, comandante de la fragata franquista, y Quirós, capitán de un mercante con bandera de la España republicana. Interesante resulta su relación y la de sus tripulaciones, que a veces me trasladan a ese cine español de odio y confraternización como La Vaquilla.

Los sonidos de Eva

Como veo que me crezco y no quiero desvelar nada, sino simplemente seducir un poco y, seguramente, intentar que la historia y los personajes vivan un poco más conmigo, paso a emularme tal como hice con El tango del Guardia Vieja y le pongo sonido a las páginas con esta breve guía musical, y un poco cinematográfica, de Eva:

Hay bastante sonido de aquella historia  de amor y algo más, por ejemplo, con el anuncio de esta peli, Tango Bar, protagonizada por Gardel en la página 55. Aquí el trailer, y aquí la peli completa. En el mismo momento, vemos el anuncio de Rumbo al Cairo, de Manuel Ligero.

Hay música silbada, como La Cumparsita, en la página 71, y Amparito Roca, en la página 83. Como con esto de internet, te lías, en un alarde de conocimiento inútil diré que este famoso pasodoble fue compuesto por el catalán Jaime Texidor Dalmau, que en los años cincuenta sería el autor del anuncio del turrón El Lobo.

Cuando la trama lo requiere, Reverte nos encandila con contemporáneos franceses. Así, Mélancolie, de Jean Sablon; en la página 195.

Del mismo autor, Vuos qui passez, en la página198.

En otro contexto, aparece la gran Edith Piaf y su Mon légionnaire. En la página 293.


Confieso que he sido incapaz de saber qué tango de Gardel es el que dice la frase “a veces se pierde, a veces se deja de ganar”, lo mismo es una licencia literaria…

NOTA: Claro. A los enlaces se accede pinchando sobre los títulos y, eso sí, la paginación corresponde a la primera edición de Alfaguara.



martes, 12 de diciembre de 2017

Perfectos desconocidos..., dando ideas

Si mañana es miércoles y no es fiesta, también puede ser el día del espectador (y la espectadora). Y si tienes teléfono móvil, amistades de toda la vida y pareja, una opción es hacer una quedada para ir juntos a ver Perfectos desconocidos. A la salida del cine no descarto que haya movidita. Eso sí. 

Sin destripar mucho el tema, la cosa va de tres parejas y media de amigos de toda la vida que quedan para cenar y tienen la genial idea de jugar a leerse y escucharse las llamadas y mensajes que aparecen en sus móviles. Ahí es . Eso sí, el director, Álex de la Iglesia, cuenta con que sus personajes ni tienen desactivadas las notificaciones, ni poseen aplicaciones encriptadas. Pero eso es lo de menos. (Ya os imagino buscando en Google qué aplicaciones encriptadas hay y cómo se desactivan las notificaciones de alguna que otra mensajería. Que es que sois muy golfos. Y muy golfas).

Una de las cosas profundas de la peli es que, como es sabido, en todo ser humano hay tres grandes vidas: pública, privada y…, secreta. Y ésta última, la secreta, parece que viaja con nosotros a diario en nuestro móvil. La otra cosa profunda, de perogrullo, es que nadie conoce a nadie.

Con estos ingredientes como base, Álex de la Iglesia no ha creado ninguna película, sino que los productores compraron los derechos de una película italiana que triunfó en aquel país a principios de año: Perfetti sconosciuti, de Paolo Genovese. Lo mismo con la versión italiana me habría reído más, que me hacen gracia los italianos en esos líos, pero hay que reconocer la labor del reparto hispano, comenzando por Belén Rueda.

 "Es más fuerte abrir el móvil que abrir el corazón"


Para que os hagáis una idea, Perfectos desconocidos la incluiría yo en ese subgénero de “quedadas”, dentro del cual están las de amigos de toda la vida como Pequeñas mentiras sin importancia o Cena de amigos; las familiares como Mi familia italiana, La gran familia española o Nuestro último verano en Escocia; o las de compañeros de curro y tal como La cena de los idiotas. (Si tenéis un poco de tiempo, pinchad en los enlaces, que ya que me he puesto…)

En todas ellas, de distintas nacionalidades que en-todas-partes-cuecen-habas, se queda con un grupo familiar o de amistad y surgen ocurrencias y/o secretillos de por medio. En Perfectos desconocidos hay una ocurrencia y secretos de los gordos. Que es más fuerte abrir el móvil que abrir el corazón.

Si os animáis por el cine español, es una opción. Y…, ya sabéis poned el móvil con la pantalla hacia abajo, que luego todo se sabe…, o se medio sabe, que es peor.

Si pinchas aquí, puedes ver el trailer y lo comparas con la original italiana...

País: España.
Dirección: Alex de la Iglesia.
Guion: Jorge Guerricaechevarría, Alex de la Iglesia (Remake: Paolo Genovese, Filippo Bologna, Paolo Costella, Paola Mammini, Rolando Ravello).
Reparto: Belén Rueda, Eduard Fernández, Ernesto Alterio, Juana Acosta, Eduardo Noriega, Dafne Fernández, Pepón Nieto, Beatriz Olivares.



viernes, 8 de diciembre de 2017

La librería de Isabel Coixet

Lo malo que tiene que el Día de la Constitución caiga en miércoles es que los cines no mantienen el descuento del Día del espectador (y la espectadora) por ser festivo. Dicho esto, La librería es una peli lo suficientemente bonita como para que merezca la pena la inversión que supone el coste de una entrada.

En esa obsesión mía por no destrozar pelis con palabras me limitaré a comentar que fui pensando en ver un filme con moraleja sobre libros de papel y es otra cosa. Vale, merodea por toda la historia la frase “nunca estás sola rodeada de libros” (o algo así), circunstancia que, por otra parte, puede dar lugar a debate. Es más, sólo hay dos grandes lectores en la peli, la protagonista, Florence Green (Emily Murtimer) y el señor Brundish, interpretado por el gran Bill Nighly. Un actor tan poliédrico como entrañable.

Él es una especie de ermitaño muy británico, gran lector, lo que hace que se acerque a ella. Ella, Florence, llega a Hardborough, un pueblo de la costa británica, de la Gran Bretaña profunda, con la intención de montar una librería en un lugar en el que nadie lee. Yo creo que no anduve muy tonto si entreví un amor imposible entre ambos.

Es decir, el tema principal no es un amor imposible y ni siquiera los libros de papel, asunto que parece bastante tratado en el cine más allá de Fahrenheit 451 (de hecho la novela es una de las que se menciona en la peli), como últimamente con El editor de libros, o hace pocos años con La ladrona de libros.

"Quienes hayamos sido, o seamos, víctimas de un akelarre incomprensible seguro que podemos empatizar con la librera"



Vamos, que no sé si quien no sea lector o lectora habitual se animará a abrir un libro o no, pero mal no les va a hacer la película. Si acaso, puede animar a volver a la novela Lolita de Nabokov, otra que recientemente era mencionada, no sin lógica, en la novela Taxi, de Carlos Zenon, por aquello de la transgresión. De hecho… yo no he leído Lolita. Claro, he visto la peli.

¿Entonces de que creo yo que va La librería? Sin destripar el asunto, en mi opinión, quienes hayamos sido, o seamos, víctimas de un akelarre incomprensible seguro que podemos empatizar con la librera. Una comunidad, una facción, un grupo, compuesto principalmente por necios es espoleado por un par de malos, o malas no sin poder, y eso es una mezcla explosiva…

Eso sí, la pequeña y leal Christine (Honor Kneafsey), empleada por la librera, es el paradigma de que siempre hay esperanza en el futuro.

No tengo ni idea de si esa orfandad ante la persecución que podemos sentir en algún momento de nuestras vidas frente a grupúsculos organizados, tiene algo que ver con la actualidad que viene padeciendo la directora de la peli, Isabel Coixet, en esa Cataluña, o Catalunya (no se me enfade nadie) profunda. Como sabemos, la Coixet es víctima de esas renacidas “cazas de brujas” que la tildan de “facha” como le viene ocurriendo al Serrat, al Forges, El Roto, La Sardá y tantas y tantos otros que no comulgan con el credo independentista.

Como la propia Coixet asegura, “los poderes en contra de Florence son las personas agresivas en la autopista que siempre quitan al conductor más lento de en medio”. 

En definitiva, 110 minutos de una peli bonita, en la forma y el fondo, dirigida con la sensibilidad de una una mujer que además ejerce de feminista. Aunque aquí puedes ver el trailer en español, recomiendo la versión original en inglés. Y una curiosidad cuando la veáis o si ya la habéis visto… ¿qué relación tiene esta peli con el anuncio de la Lotería de Navidad de este año?


País: España
Dirección: Isabel Coixet
Guion: Isabel Coixet (Novela: Penelope Fitzgerald)

Reparto: Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Bill Nighy, Honor Kneafsey, James Lance, Harvey Bennett, Michael Fitzgerald, Jorge Suquet, Hunter Tremayne, Frances Barber, Gary Piquer, Lucy Tillett, Nigel O'Neill, Toby Gibson, Charlotte Vega